En la previa al partido frente a Francia, escuchaba al gran Mario en una nota afuera de la cancha. Y hablaba de que el Bronce ya había pasado, que ese equipo memorable que prácticamente jugaba de memoria, con grandes líderes, no estaba más, y que, especialmente, los más jóvenes debían entenderlo.
Pero creo que lo que debían entender era que Los Pumas, antes que nada, fueron siempre sacrificio, entrega, luchar contra la desventaja, contra la desigualdad de condiciones, contra equipos superiores, con mayor preparación. Y ellos, quizás nunca la habían vivido, pues les tocó a muchos, más tiempos de color rosa.
Y contra todo esto adverso, siempre hubo mucho corazón, mucha actitud, mucha locura y más locura.
Hace un tiempo, los Pumas están intentando mejorar su juego, agregarle cosas a sus bases de siempre. Y esto es bueno. El rugby de hoy lo demanda. Para penetrar defensas, tenés que obtener pelotas rápidas, continuidad.
Pero no por agregar todo esto, hay que dejar de lado lo que siempre fueron las banderas del equipo argentino, empuje, tackle agresivo, maul, redoblarse en el esfuerzo, someter con los forwards y lo más importante, locura y corazón.
Con garra y corazón no basta. Con juego, continuidad y variantes, pero sin lo primero, tampoco. Y los Pumas, en Vélez, tuvieron ambas.
Cuando vimos en el primer line obtenido por los franceses y su intención de meter un maul, el tremendo empuje del pack argentino que los tiró para atrás cuatro metros y recuperaron la pelota, me di cuenta de que algo en la cabeza del equipo era diferente.
No sé qué habrán hablado en la semana dentro del equipo, pero lo de este sábado, más allá de lo que puedan decir del conjunto francés y su cansancio, fue impresionante. Y no sólo vimos 22 pumas LOCOS, en el buen sentido, sino también porque se jugó en gran nivel, se realizaron movimientos colectivos excelentes, muy verticales, se jugó corto cuando hizo falta, se jugó canal tres cuando hubo espacio, se pateó, se presionó...
Hace mucho que no se veía un equipo argentino en semejante nivel de concentración. Gente, ganarle a Francia por 30 puntos y de la forma en que se hizo, se da una vez cada muchos años, y llena de esperanza a todos. Pero especialmente, a los jugadores y staff, que como dicen, confían en lo que están haciendo.
Como dijo Mario, luego del partido, ahora hay que confirmar. No hay que creerse nada; hay que seguir trabajando. Seguir teniendo la actitud de equipo chico. Pero estos resultados ayudan y mucho. Y lo más importante es que todos vean que, como dijo Felipe en esta página web, antes que nada, está la locura y el corazón cuando uno se pone esa camiseta.
Saludos a todos.
Diego.
Diego Albanese
martes, 29 de junio de 2010